Vocación de servir

Jueves 11 de octubre de 2018
Roxana Ramírez

Por Roxana Ramírez deportes@elterritorio.com.ar

“Es un sacrificio que no me cuesta”; esta frase encierra la labor que realiza el misionero Iván Lauscheuski (27) en los Juegos Olímpicos de la Juventud Buenos Aires 2018.
Enfundado con su indumentaria de voluntario, Iván compartió con El Territorio sus días en el Parque Olímpico, que los vive de manera muy especial al ser profesor de educación física y estar realizando la licenciatura en alto rendimiento en Buenos Aires hace más de un año.
“Me estoy levantando a las 4.45, de ahí llego acá a las 6.30 y a las 7 arrancamos con las actividades hasta las 15. Ahí termina lo que es ser voluntario pero, como tengo que pagar mi alquiler y vivir básicamente (risas), trabajo en un gimnasio desde las 17 hasta las 22.30, después llego a mi casa, a las 23.45 y como, me baño, duermo y así lo mismo al otro día”, relató el posadeño, que vive en Palermo, sobre la rutina que lleva adelante por estos días en los Juegos.
Meses atrás, Iván ingresó a la página de Buenos Aires 2018, se inscribió para no dejar pasar esta oportunidad y hoy disfruta como un niño ser parte de esta fiesta, y sobre todo, de ayudar para que todo salga redondo en cada jornada deportiva.
“Somos 8 mil voluntarios y dentro de las tareas asignadas al Parque Olímpico, que es una parte de todo lo que es este movimiento, tenemos la función de gestionar las sedes para que la realización de las competencias se desarrollen de la mejor manera posible”, explicó Iván.
En un primer momento, su función fue la de asegurarse que las ambulancias estén en sus correspondientes lugares para comenzar la competencia y además de la asistencia al público en los pabellones que se realizan las disciplinas.

¿Qué te llevó a ser un voluntario?
Siempre estuve ligado al deporte y desde chiquito siempre estuve incómodo por no practicarlo;  quizás toda esa energía que no la pude canalizar en la práctica deportiva, la volqué en el estudio y me recibí de profesor de educación física. Y esto fue concretar de alguna manera lo que teóricamente se viene desarrollando en en alto rendimiento deportivo porque la mayor expresión la tenemos acá y es una locura vivirlo. Es ayudar pero también te sirve para un desarrollo personal.
El mejor lugar para constatar lo que aprendí en la teoría es acá y no pude dejar pasar la oportunidad. Siempre algo que esté referido al deporte me gusta; es mi primer voluntariado y además, está muy ligado a mi carrera así que lo vivo de una manera muy especial porque puedo estar en la zona de entrenamiento y la entrada en calor, de alguna manera es negociar trabajo con estas posibilidades. Si te gusta el deporte vale la pena porque entre otras cosas lindas que me pasaron la conocí a Paula Pareto (campeona olímpica de judo).

¿Qué significa ser voluntario?
No puedo describirlo aún en palabras porque falta mucho más, pero mi cuerpo sí lo puede hacer porque me levanto y no me molesta hacerlo tan temprano, ni quedarme un rato más cuando termina mi turno.
Lo llamo al director del gimnasio donde trabajo y le pido que me haga el aguante y lo hacen porque son cosas que emocionalmente me traspasan, tiene una dimensión mundial que todavía no la entiendo, lo estoy procesando (risas) imaginar que todos los países del mundo están acá, es un lujo.
La voluntad de dormir poco y estar contento, como ahora, lo explica...
Es así, es el bienestar de ayudar a una persona y estar contento, es el único lugar donde me preguntan cosas todo el tiempo y no me molesta. Es una experiencia única se te abren puertas, sobre todo a los que estamos estudiando el alto rendimiento. Además, repercute en otros espacios; por ejemplo, hablo en inglés y no pensé que hablaba tanto el idioma, el otro día hablaba con un egipcio y nos entendíamos muy bien.

O sea que te pone a prueba también...
Entre las falencias o la presión de ciertas cuestiones, ahí recién empezás a ver de qué estas hecho. Hay que transformar esas pruebas en fortaleza y sacar lo mejor. Eso se vivió mucho en la inauguración en la 9 de Julio; al haber tanta gente que quería ingresar... Uno tenía que intentar contenerlos porque había capacidad colmada y había personas que llegaron una hora y media antes, cosas que hay que saber llevar. En definitiva somos un océano de un metro de profundidad porque hacemos muchas cosas pero nada tan específico como para decir somos los mejores en esto, pero bancamos todo lo necesario, a manera de metáfora.

¿Recomendarías esta experiencia?
La recomiendo sí, háganlo pero es algo muy personal si te resulta o no... En las redes pongo fotos o posteo cosas y se quedan locos, no paran las actualizaciones, le ponen me gusta, me comentan y esa también es la idea, de mostrar cosas para la gente que no tiene acceso a venir acá (Parque Olímpico) y a través de mis fotos pueden verlo. Además, si la persona que hace el voluntariado  es tu conocido, puede despertar un interés y justamente parte del objetivo es que el deporte se difunda.

¿De lo que viviste hasta este momento, qué fue lo qué más te impactó?
El otro día tuve que llevar a una parsona en sillas de ruedas al pabellón de levantamiento olímpico y justo estaba compitiendo una venezolana, se llevó el primer lugar y nos emocionó a todos su felicidad, me demostró cómo el deporte puede traer satisfacciones incluso viviendo en situaciones como la que están atravesando ellos y seguramente ahora le llegarán sponsors y su carrera tomará otro rumbo. 

Se apagó la llama olímpica 

La llama olímpica, uno de los grandes símbolos de los Juegos Olímpicos se apagó por un rato en el pebetero del Parque Olímpico y las fotos se viralizaron porque la llama siempre debe estar encendida... pero había una razón, según la organización.
“Fue un mantenimiento que estaba programado, porque este pebetero está muy cerca de los atletas y hay que tener mayores cuidados que con uno que cuelga en lo alto de un estadio, como suele ocurrir en este tipo de eventos”, relataron desde la organización.
El procedimiento para apagarlo fue meticuloso, ya que primero hubo que guardar la llama en una de las linternas por las que recorrió más de 14 mil kilómetros por todo el país y vino desde Grecia, revisar lo que había que revisar y dejar todo en perfecto estado, para luego volver a prenderlo y de nuevo se hizo la luz.
La antorcha llegó desde Atenas el 26 de julio y recorrió 14.000 kilómetros por todo el país. Fueron 17 relevos por las principales ciudades (algunas debieron ser canceladas, como Bariloche y Córdoba). Cada tramo tuvo un kilómetro y la antorcha fue transportada por diez personas.

El primer oro llegó de la mano del remo

María Sol Ordas se consagró ayer como campeona olímpica de remo en la categoría single scull y consiguió la primera medalla dorada de la delegación en la presente edición de los Juegos Olímpicos de la Juventud.
La nicoleña, actual subcampeona mundial juvenil, tuvo un sprint final demoledor con el que logró una marca de 1.43.81 y dejó atrás a la sueca Elin Lindroth (1.44.31), la estonia Greta Jaanson (1.46.13) y la uzbeka Luizakhon Islomova (1.51.21).
Fue la primera medalla dorada de la delegación, que el martes había sumado sus dos primeras preseas con el bronce de la dupla de remeros Felipe Modarelli y Tomás Herrera en la categoría dos sin timonel y la plateada que logró Delfina Pignatiello en natación.
En tanto, se convirtió en la tercera deportista argentina en conseguir el primer puesto en una competencia olímpica juvenil, tras los logros de Braian Toledo (jabalina) en Singapur 2010 y Francisco Saubidet (windsurf) en Nanjing 2014. 


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