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Domingo 4 de noviembre de 2018 | 00:00hs.
Cuando parecía que la época de los grandes descubrimientos arqueológicos había desaparecido ya y que no se podía lograr ninguna sorpresa en este campo, o por lo menos se creyó eso, una seguidilla de asombrosas revelaciones terminaron por acabar este falso prejuicio. Entre los hechos que cambiaron esta perspectiva se encuentra el descubrimiento de la tumba KV62, más conocida en el mundo como la tumba del faraón Tutankamón. El hombre detrás de este descubrimiento fue Howard Carter, un dedicado arqueólogo británico que desde muy temprana edad había caído fascinado con la cultura del antiguo Egipto. Carter había logrado encontrar, por medio de investigaciones previas, algunas pistas de la existencia de un faraón llamado Tutankamón que había reinado por un muy breve periodo de tiempo entre los años 1336 a 1327 a. C.

Pese a que desde otra perspectiva el joven faraón —falleció a los 19 años— podía resultar de muy poco interés, Carter logró convencer a Lord Carnarvon, un reconocido egiptólogo y millonario, para que financiase sus excavaciones. Los esfuerzos no resultaron en vano. El 4 de noviembre de 1922 descubrió la tumba de Tutankamón. La importancia de este hecho reside en que, hasta el momento, es la única tumba real encontrada con un ajuar funerario tan variado, numeroso, bien conservado y prácticamente intacto. A su descubridor le llevó casi una década despejar e inventariar todo el material encontrado. La pieza más conocida de este hallazgo es la máscara funeraria de Tutankamón, la cual se ha convertido en símbolo de la antigüedad egipcia.

El descubrimiento de Carter también es famoso por la supuesta existencia de la “maldición de Tutankamon”, un rumor que partió de la supuesta ruptura por parte del arqueólogo de un sello puesto en la tumba que contenía una maldición para aquellos que osaran ingresar a ella. Estos “sellos” fueron muy comunes en las antiguas tumbas egipcias y se disponían en estas para atemorizar a los saqueadores de tumbas, personajes que existen desde tiempos remotos. La muerte de Lord Carnarvon, ocurrida unos meses después del descubrimiento de la tumba, dio más fuerza a esta leyenda. La prensa sensacionalista aprovechó también la muerte y enfermedades de otros personajes de la expedición para así poder vender la noticia. No obstante, un estudio mostró que, de las 58 personas que estuvieron presentes cuando la tumba y el sarcófago de Tutankamón fue abierto, sólo ocho murieron en los siguientes doce años. Todos los demás vivieron más tiempo. Incluso Howard Carter murió en 1939, 17 años después de haber hecho el hallazgo que lo encumbró en la fama.

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