Piezas de la infancia, tesoros de hoy

Martes 18 de junio de 2019 | 02:00hs.
Fabri mantiene su pasión desde la niñez. | Foto: Natalia Guerrero
Agustina Rella

Por Agustina Rella sociedad@elterritorio.com.ar

Jugar nos permite evadirnos y enfocarnos: evadir el estrés y enfocarnos en el presente. Aventurarnos a ser otros, a ser nosotros mismos, a recordar nuestro niño interior. A pesar de que expande la creatividad y genera endorfinas, no se suele relacionar lo lúdico ni con el trabajo ni con el mundo serio del adulto, aunque sí se le da importancia a través de una referencia deportiva. Jugar al fútbol, al tenis o al ajedrez pueden ser algunas aficiones de cualquier adulto e incluso opulentas profesiones; pero conectarse con eso que de chicos nos hacía felices tiene ese plus, no sólo de despejar o fortalecer la mente, sino de nutrir el alma.
Es así que Fabricio Olivera sigue recurriendo a los mismos personajes de su niñez y algunos otros que encontró en el camino, como el mejor cable a tierra cuando llega a su casa después de una cansadora jornada.
Fabri trabaja en la concesionaria de camiones de su familia, pero dentro de su hogar resguarda un mundo interminable de fantasía y figuras de acción. Allí aparecen desde Terminator, distintos Batmans con sus batimóviles, algunos Vengadores y sus villanos, dinosaurios de Jurassic Park, Tortugas Ninjas, Gokú, naves de Star Wars y los sobrevivientes de The Walking Dead, entre otros.
“Es como que me quedó el hobby de niño”, cuenta Fabri mientras despliega cientos y cientos de muñequitos en la sala de su casa. Y reconociendo que es algo que lo relaja, agrega: “En algún punto de la secundaria me di cuenta de que mis compañeros ya no hablaban de muñequitos, así que quedó algo como para mí, o que hablaba con mi hermano. Porque tampoco podía invitar a una chica a tomar un tere y decirle: mirá este Iron Man que me compré”, postula, risueño.
Lejos de ser una actividad metódica, planificada o con un fin de coleccionista riguroso, Fabri simplemente sigue la corazonada de una afición que lo apasiona y distiende. “Si veía algún personaje que me gustaba, me lo compraba”, explica. “Por eso es que tengo de distintas colecciones y todo muy variado. No es que digo: ‘me voy a comprar toda esta colección hasta el personaje que no me gusta’. El que sabe, va a ver que tengo el Thor de una peli, el Ironman de otra…” detalla.
Parte de su colección se lució en el marco de la muestra que estuvo presente en el estreno de Avengers End Game, el pasado 25 de abril en el Imax del Conocimiento.

Joyas de la niñez
Cuando era chico, Fabricio -de 32 años- solía recibir, como todo niño, regalos referidos a personajes de sus series animadas preferidas o del momento, como Dragon Ball, y si bien hoy tiene una gran colección de sofisticados ejemplares importados hasta de Estados Unidos, ese Gokú que consiguió en la vieja Placita, sin mucha articulación y que quizás no reviste mucho interés para otro coleccionista, es la joya más preciada de Fabricio. De la misma manera, guarda algunos muñecos de más de 25 años. “Aquellos que sobrevivieron todas las batallas”, pondera.
Sin lugar a dudas, esas figuras cobran mayor simbolismo porque fueron las que lo acompañaron cuando debió estar unas semanas internado en el Garrahan, donde descubrieron que tenía una parasitosis galopante que lo estaba consumiendo, y no una celiaquía como habían diagnosticado en un principio.
Semanas y semanas de estudios y tratamientos, de comidas especiales que no surtían efecto, y los muñecos como aliciente para poder jugar un rato, aunque no se pueda salir a correr.
El vínculo con un cable a tierra personal puede ser a veces solitario, por eso cuando Fabri llegó al Imax a ver Rogue One en diciembre de 2016 y se encontró rodeado de jedis, descubrió que había otros coterráneos que hablaban su mismo idioma. Compartir ese lenguaje hizo que se uniera al particular grupo Base Echo Misiones, que además de debatir sobre sus películas o personajes favoritos, llevan adelante actividades solidarias como colecta de juguetes, campañas de donación de sangre y visitas al Hospital Pediátrico Fernando Barreyro (como la del último 4 de mayo) para acercar esos míticos personajes de la pantalla a los más chicos.
Además, quien impulsó al posadeño a armar sus redes para mostrar su afición, fue Angie, su novia que lo acompaña en este pasatiempo. Así, el mes pasado se pegaron una escapada Buenos Aires para celebrar el cumple de él y coincidir con la Comic-Con. Hoy hasta planifica hacer reviews (análisis y crítica) de algunos muñecos en las redes que ella le creó.
Por supuesto que de ese reciente viaje, la valija trajo algunas nuevas adquisiciones para sumar a las cajas y cajas de figuras, que Fabri no sólo muestra con orgullo, sino que si bien las cuida con paciencia, no tiene ningún recelo en dejarnos tocar, descubrir. Es que, en definitiva, invitarnos a su mundo es invitarnos a jugar. 

El Territorio no tiene responsabilidad alguna sobre comentarios de terceros, los mismos son de exclusiva responsabilidad del que los emite.

El Territorio se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios injuriantes, discriminadores o contrarios a las leyes de la República Argentina