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Los safaris para fotografiar la Vía Láctea están de moda

Sábado 12 de mayo de 2018 | 01:00hs.
Un inmenso arco, blancuzco y lumínico, centellea en el cielo. Es la Vía Láctea, que atraviesa el cielo como un puente de plata. Es cerca de la medianoche en Punta Indio , un pueblo ubicado a 150 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires y una veintena de personas contempla el fenómeno, en medio de la llanura pampeana y lejos de cualquier fuente de luz eléctrica. Todos tienen una cámara fotográfica aprontada en un trípode. De repente, unos hilos de luz incandescentes comienzan a surcar el cielo. Fugaces, caen como hebras de fuego en todas direcciones. Un sinfín de clics estalla casi al unísono, buscando atrapar en una foto esta maravilla astronómica.

"El cielo tiene eso: se suelen producir fenómenos astrales que no siempre podés prever. Como esa lluvia de meteoritos", dice Diego Arranz, fotógrafo profesional desde hace 25 años y quien -junto a su pareja, Haydée Reiris- coordina desde el año 2005 talleres de astrofotografía. La experiencia surgió a partir de unos safaris fotográficos que el matrimonio organizaba en pueblos y parajes recónditos a lo largo de todo el país y que aún llevan adelante bajo el nombre de Fotoescape. "Cuando el taller terminaba, nos quedábamos a charlar con la gente del pueblo y mientras pasaban las horas, cada tanto hacíamos fotografías nocturnas. Y así empezaron a aparecer las estrellas en las fotos", cuenta Arranz.

La astrofotografía busca combinar el placer de sacar fotos con la pasión por la astronomía, pero donde prevalece el carácter más amateur antes que la rigurosidad científica. Sin embargo, estas fotografías logran su propio peso al retratar, en esos fragmentos visuales, la magnanimidad del universo que habitamos. "Y esas posibilidades hoy se ampliaron mucho más con el salto que dio la tecnología fotográfica en los últimos años -dice Arranz- Los sensores se pusieron tan, pero tan sensibles al registro de la mínima intensidad lumínica, que ahora pueden captar con más precisión los fenómenos astronómicos. El ojo de la cámara registra muchísimo más de lo que tu ojo está viendo".

Los lugares elegidos por Diego Arranz para llevar adelante el taller propician una visión óptima, ya que están lejos de las ciudades y protegidos de la contaminación lumínica. Además del Parque Costero del Sur, de Punta Indio, otros de los escenarios elegidos suelen ser Talampaya, en la provincia de La Rioja; el Valle de la Luna, en San Juan; parajes del desierto pampeano, pequeñas localidades en la zona de la Costa Atlántica y pueblos rurales de Buenos Aires. El año pasado organizó un viaje a Estados Unidos para presenciar el eclipse solar que se conoció como el "El eclipse del siglo". "Fuimos los únicos de Argentina que, como grupo fotográfico, pudo retratarlo", dice Arranz con orgullo.

La Luna en sus diferentes facetas, las constelaciones estelares, la ubicación de algunos planetas, lluvia de meteoritos o el paso de la Estación Satelital Internacional son algunos de los tantos sucesos espaciales que pueden ser captados desde la astrofotografía. Pero por fuera de estos fenómenos puntuales, para Arranz, las posibilidades de componer una buena foto no disminuyen cuando el fotógrafo decide mirar al cielo: "La noche ya de por sí le agrega algo distinto. En este caso, el paisaje se compone con las estrellas. Un paisaje rural, con un molino de campo recortado sobre el horizonte, con toda la Vía Láctea atrás, es una composición única".

No es condición excluyente poseer un equipo sofisticado y por demás costoso para incursionar en la astrofotografía: "Con una cámara réflex, un lente luminoso y un buen trípode, es suficiente para poder hacer muy buenas fotos estelares", asegura Diego, para quien el componente humano sigue prevaleciendo por sobre lo técnico a la hora de fotografiar las estrellas: "En la astrofotografía lo técnico es un factor importante, pero no decisivo. Antes que nada, el fotógrafo que busca una foto en los cielos nocturnos tiene que estar apasionado con eso que ve".

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