La historia oficial

Lunes 9 de julio de 2018 | 13:00hs.
Diego Vain

Por Diego Vain Enviado especial a Rusia

Es difícil imaginar un país destruido por la guerra. Es muy complicado pensar que por las mismas calles por las que hoy caminan los hinchas hacia los estadios y alientan por sus equipos, hubo escenas que nos estremecerían a todos.
Trincheras, cañones y todo tipo de armamento militar para una matanza. Para una guerra.
Moscú y San Petersburgo -en ese momento Leningrado- se levantaron. Sufrieron el asedio de los nazis y hoy en la capital de Rusia se les rinde homenaje a los Guerreros Soviéticos que le devolvieron la gloria a su país.
El Museo de la Victoria es un orgullo para el pueblo ruso, al que a más de 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial todavía se le infla el pecho por las batallas que le tocó pelear. A los anfitriones de la Copa del Mundo hoy les toca contar la historia de los ‘ganadores’, porque hay que dejar en claro que más allá de lo que digan los tratados y las firmas de rendición, en un conflicto bélico pierden todos.
El pueblo soviético se quedó sin 27 millones de personas. Es que la guerra nunca trae nada bueno.

De casa a Berlín
Los rusos hoy se enorgullecen de sus ‘guerreros soviéticos’. Lo demuestran así con monumentos y plazas. Con espacios inmensos en los que hay estatuas, placas y todo tipo de alusiones a quienes pelearon en la Segunda Guerra Mundial. El pueblo ruso sufrió en su casa las aberraciones de los nazis. Leningrado fue la más castigada por casi cuatro años y hoy, a través de su historia, de la historia oficial, realzan la valentía de los habitantes de la Unión Soviética.
Rusia se levantó. Reconstruyó sus ciudades y se puso a la par en aquel momento de Estados Unidos (cuando todavía era la Unión Soviética). Pero eso le costó mucha sangre y por eso no se olvidan de quienes fueron parte de esa masacre que duró cuatro largos años para los soviéticos (desde 1941 hasta 1945).
Por el Museo de la Victoria (vaya nombre oficial que eligieron) reconstruyen la parte más dolorosa del pueblo. Las escenas de las batallas que dejaron millones de muertos y el triunfo, por supuesto. Ese triunfo que llegó cuando en 1945 los rusos pisaron Berlín en Alemania y pusieron prácticamente punto final a la última gran guerra de nuestro planeta.
Quienes lo visitan quedan impactados porque los artistas lograron combinar pinturas con restos reales de la guerra. Escenas de batallas se mezclan con cascos y proyectiles que se usaron a lo largo y ancho de la Unión Soviética durante la guerra. Algo difícil de asimilar.
Aún más cruenta que esas escenas es la reconstrucción de la llegada a Berlín de los soviéticos. Uno se puede meter en la devastada y bombardeada capital alemana y sentir, al menos por un segundo, los horrores de la guerra.
Muchas veces la historia la cuentan los que ganan. Los triunfadores. Los rusos eligieron hacer un museo, el de la Victoria y desde allí dar a conocer su versión. Su historia oficial.


La Victoria

Este museo ruso cuenta con un sistema desarrollado de varios proyectos expositivos artísticos, permanentes y temporales, nacionales e internacionales. También, una exposición de armas e ingeniería civil de la época de la guerra. El museo cuenta con muestras únicas. Entre ellas la aeronave U-2 y el mejor tanque de la Segunda Guerra Mundial, el T-34.2.


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