El miedo a volar es uno de los miedos más absurdos

Martes 8 de enero de 2019 | 01:27hs.

¿Imaginan que alguien manifiesta tener miedo a que un pelotazo le deje en coma? ¿O que le caiga un meteorito en la cabeza? ¿O que un hueso de pollo se le atragante y acabe con su vida en cuestión de segundos? Todos esos son miedos absurdos, porque describen eventos infrecuentes.

El miedo a volar es similar, e incluso es todavía más absurdo, porque es mucho más probable que mueras por atragantarte que por volar. Incluso es mucho más probable que mueras de una caída accidental bajando unas escaleras o en el baño de casa que tomando un vuelo comercial. El miedo a volar, pues, es uno de los miedos con menos sustento que puedes tener actualmente.

Naturalmente, no debemos confundir "miedo" con "fobia". Lo primero es intranquilidad, inquietud, ligero temor, desconfianza. Lo segundo es una patología que debe ser tratada por un especialista. Si padeces un miedo extremo a volar, un miedo totalmente irracional que te paraliza, es probable que sufras fobia a volar y todos los datos que podamos arrojar aquí es probable que no cambien en absoluto tu percepción.

Pero si simplemente tienes miedo o dudas de que volar sea realmente una de las formas más seguras que existen de desplazarse de un punto a otro (por supuesto mucho más seguro que hacerlo en un coche), sigue leyendo.

En Diario del Viajero hace un análisis a los accidentes de avión que se produjeron en el año 2016 en todo el mundo. Un total de 40 millones de vuelos comerciales de pasajeros aterrizaron sin problemas en su destino. Únicamente diez acabaron sufriendo un accidente fatal. O dicho de otro modo: solo el 0,000025 % de los vuelos comerciales de todo un año sufren un accidente fatal.

De hecho, 2016 fue el segundo año más seguro de la historia de la aviación. De toda la historia, sí. No es una rara coincidencia, sino una tendencia: en los últimos 70 años, volar se ha vuelto nada menos que 2.100 veces más seguro, según los datos de la IATA y los datos de las millas por pasajero de la ONU.

El accidente de un avión, sin embargo, tiene una cobertura mediática tan extraordinaria que nosotros, pobres consumidores de noticias dramáticas, puede que lleguemos a confundir la realidad con la exageración. Las noticias no nos hablan de las bondades de volar, de probabilidades, de todos los muertos que se evitan en carretera cada año gracias a los aviones. Nos hablan solo de muertos. Muertos en avión, claro, lo de los decenas de miles que mueren por caídas accidentales en su vida diaria.

Esta gran cobertura mediática influye negativamente en nuestra percepción del riesgo de volar, aunque también tiene su parte positiva: las compañías no se pueden permitir bajar la guardia, o un crecimiento de los accidentes resultaría fatal para la confianza depositada por los pasajeros. Por eso, el grado de seguridad a la hora de volar supera todo lo imaginable, como explica Hans Rosling en su libro Factfulness:

Desde entonces, cada accidente o problema en el que se ha visto involucrado un avión comercial de pasajeros ha sido objeto de investigación y se ha informado del mismo; se han identificado sistemáticamente factores de riesgo y se han adoptado medidas de seguridad mejoradas en todo el mundo.

En resumidas cuentas: mirá con mucho más temor y ten mucha más precaución cada vez que bajes una escalera o te tomes una ducha, antes que al tomar un vuelo.

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