El fútbol les dio un rato de Libertad

Viernes 12 de octubre de 2018 | 07:00hs.
Diego Vain

Por Diego Vain deportes@elterritorio.com.ar

Con la destacada presencia del árbitro misionero Néstor Pitana, quien dio el puntapié inicial, se llevó a cabo ayer un encuentro amistoso entre los internos alojados en la Unidad Penal I de Loreto y el primer equipo del Club Atlético Candelaria.
Sentir el pasto y ver la cancha en la cual podrán correr en libertad, al menos por un rato, es una motivación inmensa para los internos. El fútbol les dará por unas horas eso que tanto ansían: sentirse hombres libres.
Desde temprano el equipo de los internos dejó los muros del penal. Como si desearan aprovechar la mayor cantidad de tiempo posible en la cancha. Después tendrán tiempo de volver a sus pabellones y a la rutina que parece interminable dentro de la cárcel.
Pero la jornada tenía una sorpresa más para los habitantes del penal de Loreto. Un invitado especial para coronar un día que seguramente no olvidarán por el resto de sus vidas.
Néstor Pitana decidió festejar el día del árbitro junto a ellos. El hombre que dirigió hace casi tres meses la final de la Copa del Mundo recorrió los pasillos de la cárcel, charló con los internos, con los trabajadores del servicio penitenciario y hasta le avisó al arquero de los internos que “te estoy fichando para algún equipo”.
“Era una inquietud interna que tenía. La gente que está acá tiene que entender que hay segundas oportunidades y yo quería venir a compartir un rato con los internos y con las personas que trabajan acá, que hacen un trabajo realmente importante que muchas veces no se ve”, explicó el hombre nacido en Corpus.
“Si uno como árbitro, como periodista, como persona comete errores, hay que entender que a través de eso se puede mejorar. Aprovechar esa otra oportunidad que te da la vida”, agregó el árbitro que fue el más requerido para las fotos y los autógrafos.
Pitana dio el puntapié inicial en la cancha de Loreto y fue uno de los momentos más emotivos del día. El resultado en estos casos pasa a un segundo plano, pero no la felicidad que tuvieron los internos de jugar junto los futbolistas de Candelaria.
Correr detrás de la número 5 parece algo familiar para muchos. Algo que se puede hacer semanalmente o a diario, quizás. Pero en un lugar como una cárcel es un premio. Es la manera de que quienes están cerca de recuperar la libertad tengan una motivación para encarar la última etapa de su estadía dentro de esos muros.

No es simplemente fútbol
A veces los que amamos el fútbol intentamos explicar que no es solamente un deporte, que va más allá de eso. Que nos genera pasiones, que nos trae recuerdos, que es ver o jugar un partido es algo único e inigualable. Con amigos o contra desconocidos. En una cancha de fútbol 5 o en un potrero o en una plaza, no importa.
Para eso llegó Pitana hasta Loreto. Para demostrar la esencia del fútbol, que va más allá de la competencia, que genera muchas cosas que a simple vista no son fáciles de ver y que, muchas veces, hay que rodearlas de los muros de una cárcel para poder apreciarlas.
“A veces no dimensionados lo que significa el fútbol”, se sinceró el árbitro. “En cualquier lugar del mundo se juega al fútbol y a cualquier deporte y a través de ellos podemos educar. Son herramientas importantes para conseguir grandes objetivos”, expresó.
Tras el pitazo final, Pitana se acercó al grupo de internos y les agradeció por dejarlo ser parte de ese día que era suyo y que tanto habían esperado. Les pidió que no bajen los brazos y que aprovechen las segundas oportunidades.
“El fútbol y la vida dan otras chances, pero está en nosotros aprovecharlas”, les dijo a esos hombres que, por un rato al menos, volvieron a disfrutar de un partido fuera de los muros. Que encontraron en el fútbol mucho más que un simple deporte y que gracias a la redonda volvieron a ser libres. 

Marcelo De Souza, el Gato Volador

De Souza fue la figura del equipo de los internos con sus atajadas | Foto: Sixto Fariña
Mientras los internos jugaban ante Candelaria, Pitana recorrió todo el perímetro de la cancha y se sacó fotos con quienes le pidieron una.
Charló con los penitenciarios, con los directores de la cárcel, pero nunca dejó de mirar el partido.
Dentro de la cancha, Marcelo De Souza salvó varias veces a los internos y defendió de la mejor manera el arco.
Se enojó cuando le metieron un gol, pero después aclaró que “son cosas del fútbol que quedan ahí en la cancha”.
Cuando terminó el encuentro, Pitana elogió el trabajo de Marcelo y lo bautizó como ‘el Gato Volador’ y estampó su firma en la camiseta del arquero.
“Esta posibilidad no la tenemos todos días. Estar todos los días acá se hace difícil”, reconoció De Souza, quien se mostró muy feliz por la oportunidad de jugar.
“A nosotros nos hace re bien poder compartir esta clase de cosas afuera, jugar, conocer otras personas. Ojalá pueda tener una segunda oportunidad”, se ilusionó.

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