Aplausos para el asador

Martes 10 de julio de 2018 | 09:30hs.
Diego Vain

Por Diego Vain Enviado especial a Rusia

Desde Tanti, en la provincia de Córdoba, hasta Moscú, la capital de Rusia, hay más de 13 mil kilómetros. Todo ese camino tuvo que recorrer Sebastián Ojeda, quien en 2007 se convirtió en el primer chef argentino en el país euroasiático.
Vino por tres años, pero ya lleva once. Afianzó su carrera, formó una familia y se amoldó a vivir lejos de casa.
Al principio, como cualquier cambio, fue duro. Tuvo que superar la barrera del idioma y aprender a desenvolverse en una cultura muy diferente a la nuestra.
A pesar de que extraña algunas cosas de Argentina, hoy ya le tomó el ritmo a la gigantesca Moscú y se desenvuelve como un ruso más.
“Me invitaron a venir a Rusia en su momento, me llamó la atención y llegué hace once años. Mi idea era venir por tres años, pero me quedé”, cuenta entre risas Sebastián, quien se tomó unos minutos después del trabajo para sentarse a comer con un compatriota.
“Me vine solo, con una propuesta de laburo para ser chef de un restaurante que ofrecía comida argentina. Estuve en otro lugar que tenía comida típica de allá y ahora estoy en una compañía que se dedica a hacer comidas rusas, pero siempre estoy en la parrilla”, comentó el cordobés.
Si bien admite que siempre quiso salir del país y conocer el mundo, los primeros momentos en un país con costumbres tan diferentes fueron complicados.
“Llegué sin hablar prácticamente inglés. Tenía una remera que decía ‘yo no hablo ruso, ¿usted me entiende?’”, recordó.
Así fue haciendo su camino. Primero en el restaurante que lo contrató, que le dio más que trabajo.
“A mi señora la conocí el día que llegué porque era la directora del primer restaurante en el que trabajé y estamos casados desde 2011. Yo no tengo hijos, pero ella tiene uno de un matrimonio anterior, así que formamos una familia”, relató el hincha de Talleres.
“Además del idioma me costó la idiosincrasia de los rusos. Son muy cálidos una vez que uno entra en confianza. Son muy amables. Les gusta recibir gente en su casa, pero eso pasa cuando uno rompe el hielo”, contó Sebastián, quien hoy es el chef ejecutivo de Star Grill, una compañía rusa que tiene varias sucursales en Moscú.

Si no hay, se inventa
“Consigo prácticamente de todo y lo que no consigo lo preparo. A mis amigos que llegaron les pedí dulce de leche y alfajores, pero cuando no lo tenía lo hacía. Tenía esa suerte de ser cocinero”, se ríe mientras recuerda esos primeros años lejos de casa, en los que la nostalgia lo invadió en un par de ocasiones.
Así como Sebastián adoptó muchas costumbres de Rusia y se amoldó a la forma de vivir de este país, también quiso que los dueños de casa se animaran al asado. Algo bien argentino.
Como le sucedió a gran parte de los turistas en la Copa del Mundo, Sebastián se encontró con un país que no imaginaba. Llegó con la idea de la Rusia soviética y el panorama fue totalmente diferente. “El país no es lo que uno lee en las noticias de allá”, explicó.
El Mundial significó un revuelo general en el país, pero para Sebastián fue además la chance de ver a miles de argentinos por Moscú.
“Para mí fue una alegría ver la cantidad de argentinos. Me llenó el alma, porque me sentía solo. Además de algunos amigos que vinieron, llegaron muchos otros y armaron una fiesta por las calles. Fue algo muy lindo”, contó.
Sebastián reconoce que su idea inmediata no es volver a la Argentina, pero que en un tiempo quiere dividir su vida entre ambos países. Seis meses en Rusia, seis meses en Córdoba. Siempre en verano, para escapar al duro invierno moscovita.
Por ahora el presente lo tiene muy asentado en tierras lejanas y recibiendo aplausos detrás de la parrilla.




Una clase de cocina rusa

La cocina rusa por lo general es muy calórica. Hay que pasar el invierno. Tienen muchas sopas y de todo tipo. La más conocida por nosotros es el borsch, pero para los rusos es ucraniano el plato. Hay tantas recetas de borsch como familias.
Es una sopa a base de remolachas. Se hace un caldo con cualquier tipo de carne, en general pollo o ternera. Tiene papa, cebolla, zanahoria y se sirve siempre con crema ácida. Siempre tiene que tener bastante ajo. También hacen sopa de ortiga. Se la hierve antes y después se le pone carne. En verano se hacen sopas frías a base de pepino, de papas, de rabanitos, pero en vez de ponerle caldo le ponen una base con una bebida de pan negro fermentado. El plov es un plato típico de la Unión Soviética. Es una especie de guiso de arroz y es muy común también en el invierno. Tienen los blinis, que son una especie de panqueques y adentro le podés poner lo que quieras. A veces tienen carne o pescado y pueden ser dulces.

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