Amor en la selva

Miércoles 22 de enero de 2020

Por Rubén Emilio Tito García rubengarcia1976@live.com.ar

Un acontecimiento del corazón, acaecido en una calurosa siesta de los días largos en que Kuarahy manda sus rayos con más potencia, orientaría definitivamente el rumbo sentimental en la vida del joven. El día del suceso caminaba acalorado y sudoroso hacia el recodo donde el arroyo en cascada rebota en infinitas gotas, formando con los rayitos de sol sutiles arco iris que acentuaban la belleza del entorno. Llegó hasta ese lugar luego de abandonar por un momento a sus compañeros de caza, con la intención de darse un breve y refrescante chapuzón.
La caída del agua se transformaba en tranquilo remanso debido a la profundidad de la garganta que amortiguaba el potente chorro dando forma a una pileta natural en cuyo derredor sobresalían majestuosos sauces y fornidos curupay. De sus ramas pendían lianas utilizadas por los jóvenes cual columpios para arrojarse al agua en los veranos calientes. A uno de ellos se aferró el muchacho y a punto de tirarse estaba cuando de golpe lo sorprendió la figura de una mujer brotando súbitamente como un pez saltarín de la cascada, para después zambullirse en el remanso. La visión fue fugaz, pero suficientemente intensa para que la finita impresión quedara idealizada en su mente y lo obnubilara, de tal manera, que ni siquiera reparó en las otras doncellas que salieron de igual modo de la gruta formada naturalmente en la roca detrás del salto.
 La ninfa, para su asombro, permaneció breve tiempo bajo el agua para emerger como un resorte mostrando su cuerpo hasta la cintura. Los renegridos y largos cabellos salpicaban gotas de agua y daban marco a un rostro juvenil de ojos rasgados y boca de labios carmesí que modelaban una traviesa sonrisa. El torso desnudo mostraba los senos de una mujer en su esplendor.
Yvoty pronunció sorprendido el nombre de la joven india a quien reconoció de inmediato.
Sin alterar la sonrisa, la muchacha lo invitó con tono seductor:
¡Ñaroí: eyu koápe! Yporá itereí! 
Ñaroí no dudó un instante la invitación y se arrojó a la fuente agradablemente fresca para nadar hasta ella en medio de la algarabía de las otras chicas. Tanto escándalo no podía pasar desapercibido por los compañeros del joven que rondaban en las inmediaciones, y sigilosos se acercaron para desentrañar el motivo de tanto bullicio. El alegre espectáculo que observaron los contagió de tal manera que dejaron a un lado la caza y terminaron todos ellos por arrojarse al arroyo.
Uno frente al otro, la pareja fue rodeada por los amigos que nadando y haciendo piruetas batían las palmas y gritaban entre risas y cuchicheos:
¡Yurupite, Yurupite! gritaban, sabedores del amor que en secreto profesaba la bella Yvoty por el apuesto Ñaroí. Un tanto inseguros frente al insistente pedido de sus amigos de que se besasen, la pareja rompió la timidez de todos los principiantes en lides amorosas formalizando la alianza con un apresurado beso que hizo aumentar la algarabía de los testigos.
Los jóvenes nacieron en la época de los últimos fríos cuando Kuaraí comenzaba a mandar sus rayos con más potencia, coincidente con la estación en que la vegetación se torna más verde, las flores renacen y los pájaros lanzan mucho más temprano sus entrecruzados cantos. Y regocijados los aldeanos contemplaban los lapachos florecidos porque al renacer sus pimpollos, decían, terminan las heladas y da comienzo al sembradío. 
Como los otros niños de la Misión, crecieron compartiendo juegos y aprendiendo de a poco las destrezas para desenvolverse en la vida: los muchachos practicando canotaje, el uso del arco y la flecha y la mejor manera de obtener una presa de la selva o del río; en tanto ellas aprendían a cultivar la tierra, la alfarería y el arte de tejer con hilados de algodón o de karaguatá. 
Por aquel entonces la unión de los jóvenes fue el primer casamiento en la tribu realizado por los representantes de los dos credos en pugna. El de la nueva fe oficiado en la Iglesia recientemente terminada, lucía en su interior vistosas guirnaldas elaboradas con flores silvestres por las amigas de la novia. En el altar mayor sobresalía impecable y lustroso el retablo forjado sobre madera con la efigie en relieve de Jesús crucificado “¿Podía alguien imaginar que en tan breve tiempo de aculturación los naturales pudieron tallar tan devoto ícono de la fe cristiana con la destreza de consumados artesanos? Sin embargo, con infinita dedicación y paciencia lo lograron.
Es lo que también admiraba el Chamán y, aunque nada decía, reconocía in pectore que la talla lucía realmente impecable. Reconocimiento que le avivaba sentimientos contradictorios, mezcla de inquina hacia los extranjeros por la enseñanza artística inculcada y a la vez orgullo, porque fueron hombres de su raza quienes lograron concretar una obra tan magnífica a pura habilidad.   
Tal su costumbre, se mantuvo impertérrito mientras esperaba celebrar el matrimonio de esos muchachos que viera crecer y que amaba con el mismo cariño que al resto de los jóvenes de la tribu, aunque atribulado observaba cómo se alejaban de las creencias religiosas de sus ancestros a favor de la nueva traída por los blancos. No obstante, cual mimbre erguido y sin dar atisbo de resignación religiosa, estoico realizaría en la plaza pública el acto nupcial teniendo por testigo al resto de la población.  Altivo en la dignidad jerárquica, a su turno elevó oraciones y plegarias a Ñande Yara a favor de los desposados, concluyendo con la siguiente bienaventuranza: 
“Yvoty, tú eres la flor
Ñaroí, tú eres el roble
También Yvoty eres la luna
Y tú Ñaroí eres el sol
Ambos 
El sol y la luna 
Deambulan por el firmamento
Como ustedes desde hoy, caminarán esta tierra
El sol y la luna ¿pueden juntarse?
Jamás
Pero sí pueden hacerlo la poesía y el poeta
Y tú Yvoty eres la poesía
Y tú Ñaroí el poeta
Y en la poesía
El sol y la luna pueden unirse
Como ustedes desde hoy, caminarán esta tierra
En esta unión Ñande Yara los bendice. Id y sed felices.”

El Territorio no tiene responsabilidad alguna sobre comentarios de terceros, los mismos son de exclusiva responsabilidad del que los emite.

El Territorio se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios injuriantes, discriminadores o contrarios a las leyes de la República Argentina