Alumnos crearon materiales didácticos en braille para integrar a niño ciego

Jueves 12 de julio de 2018 | 06:30hs.
Victoria Bergunker

Por Victoria Bergunker interior@elterritorio.com.ar


Una vez más, alumnos de la Epet 18 de Puerto Esperanza plantearon un proyecto de investigación escolar desde la solidaridad: identificaron la necesidad de Jonatan Morel, un niño ciego de Colonia Wanda, y crearon materiales didácticos en sistema braille para que él pudiera integrarse en una escuela común. El año pasado ya habían creado una mano mecánica a partir de una impresora 3D, con la que fueron seleccionados para representar a Misiones en la Feria Nacional de Innovación Educativa.
La idea de este proyecto, más allá de la aplicación del método científico, fue ayudar y aportar valores como el compañerismo, la solidaridad y el respeto. En este sentido, Edgardo Doberstein, el profesor a cargo de los jóvenes creadores, afirmó a El Territorio: “Todo se enfoca en ayudar al prójimo, que no sean solamente técnicos fríos y calculistas sino que aporten a la comunidad y contribuyan a un mundo mejor”.

La historia detrás
Todo comenzó cuando se desarrolló un programa articulado entre la Escuela Especial 37 y la Escuela 804 de Colonia Wanda, que consistía en integrar a un chico no vidente en sus clases. Nadia Ramírez, maestra de la 804, a pesar de sus esfuerzos encontró varias limitaciones que le impedían cubrir las expectativas para la integración de Jonatan. Fue entonces cuando pidió colaboración a través de sus redes sociales para responder a este desafío de la mejor manera posible.
En ese momento, además de obtener todo tipo de ayuda por parte de la gente del pueblo, recibió la llamada de una alumna de la Epet 18 de Puerto Esperanza. “Me dijo que ellos tenían un proyecto y querían beneficiar a este alumno, ya que contaban con las herramientas para poder hacerlo”, comentó. 
Los chicos no tardaron en ponerse a diseñar mapas, libros, carteles y hasta un globo terráqueo para que Jonatan pudiera integrarse a las clases rápidamente. Al poco tiempo, lo visitaron con los materiales para que pudiera tocarlos y probarlos, aunque hubo algunas cosas que modificar.
“Es todo a prueba y error. Jonatan les va corrigiendo porque él es el que necesita estar cómodo. Pero es increíble el entusiasmo de los chicos en trabajar y ver cómo va respondiendo a los prototipos”, aclaró Ramírez.
Poco a poco y con paciencia de ambas partes, el esfuerzo se convirtió en resultados tangibles. Desde esta perspectiva, Jonatan expresó: “A mi me gusta y voy muy bien, en esta escuela aprendo otras cosas y me integro bien con mis compañeros”. Además comentó que lo que más le gustó fueron los dados, y que su familia está muy feliz con todo este proceso. 

Dar es dar
La historia de Jonatan le pega de frente a Nadia Ramírez, la solidaria maestra que además es madre de un niño autista. “A mí me toca por otro lado porque yo tengo un chico con autismo. Entonces entiendo a los padres que apuestan a esta integración y también entiendo a las maestras que no saben cómo hacer; lo mío es un compromiso más personal”, agregó.
Aunque sus intenciones siempre fueron buenas, el hecho de sumar a un niño no vidente a sus clases fue difícil. “En principio tuve miedo porque uno no está capacitado para este tipo de trabajo, y somos nosotros los que tenemos que hacer las adaptaciones y brindarle las oportunidades para que él pueda integrarse a la sociedad”, explicó y finalizó: “Es cuestión de no sentarse a esperar y abrir una puerta, y esa empatía se contagia, cada vez se suma más gente”.
Sin dudas esta historia con más de un protagonista refleja un sentimiento colectivo de solidaridad y amor al prójimo que se multiplica. 

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