Acusada de trata de personas continuará presa y se sumaron nuevos imputados

Martes 25 de junio de 2019 | 04:00hs.
Cristian Valdez

Por Cristian Valdez fojacero@elterritorio.com.ar

Pasan los meses y la situación judicial de Rita de Cassia Zapf (51) continúa agravándose. Es la posadeña apuntada como cabecilla de una organización interprovincial acusada de explotar sexualmente a universitarias misioneras en complejos de cabañas de algunas localidades correntinas.

Está detenida desde septiembre de 2016 -a partir de abril de 2017 con prisión domiciliaria- cuando dos operativos de Prefectura Naval, en Itá Ibaté y Paso de la Patria, dejaron al descubierto que los ‘tours de pesca’ que se promocionaban eran una fachada para los supuestos encuentros sexuales que ocurrían en los hospedajes de Matías Santiago Aquere Seoane (35) y Gonzalo Damián Megines (36). 

Al igual que ella, ambos sujetos fueron imputados por el delito de trata de personas con fines de explotación sexual agravado por la cantidad de víctimas y la participación de tres o más personas. 

La misma acusación le correspondió a Carina Beatriz Galdi (36), supuesta segunda en la línea de mando, pero quien fue excarcelada junto a los hombres en función del grado de participación que tuvieron.

En las últimas semanas la investigación a cargo del Juzgado Federal Uno de Corrientes sumó otros tres imputados cuyo rol estaría a punto de determinarse, como también sumar otros sospechosos en el expediente que hasta ahora tiene siete involucrados. 

Esa novedad motivó al fiscal de la causa a solicitar la prórroga de la prisión preventiva de Zapf por el término de seis meses, que fue aceptada por el juez de primera instancia pero inmediatamente cuestionada por la defensa que acudió a la Cámara Federal de Apelaciones, donde se terminó confirmando la decisión.

Fuentes con acceso al expediente informaron que el fiscal correntino basó el pedido en “la gravedad de la condena que podría recibir la posadeña, en que no se modificaron las circunstancias que llevaron a denegar su libertad en los pedidos anteriores, en su presunción de culpabilidad y la existencia de una presunta organización en la que la podría tener un rol preponderante, como también la presunción de que podría ejercer alguna influencia sobre las víctimas dado que habría lucrado con la explotación sexual de aquellas y podría usar esa superioridad o aprovecharse para atentar contra los fines del proceso y entorpecer o frustrar la investigación en marcha”. 

Los camaristas admitieron la complejidad de la causa, como así también la multiplicidad de imputados ya que la investigación continúa ahondando sobre la posible participación de más personas y eso justamente culminó con el procesamiento de los últimos tres sospechosos. “Por el momento no puede descartarse la existencia de peligrosidad procesal”, afirmaron.

Cinco años

La estructura funcionó sin interrupciones durante al menos cinco años, generando elevadas ganancias tanto a los encargados de organizar los encuentros -mimetizados mayormente en tours de pesca- como para las chicas que por dinero aceptaban ser parte del circuito de turismo sexual.

Las exigencias las ponían quienes pagaban: hombres llegados muchas veces de manera individual aunque también en grupos desde Brasil, Paraguay e incluso de otras provincias argentinas. Una vez que hacían el pedido (previo a sus llegadas) se activaban los mecanismos para que obtengan lo que deseaban: sexo.

La pesquisa determinó que los encuentros se organizaban diaria, semanal o mensualmente a pedido de gerentes o dueños de alojamientos apostados en esas localidades correntinas. Un mensaje de texto a la supuesta líder bastaba, o al menos eso consta en el documento al que tuvo acceso El Territorio.

Pero en la vecina provincia se generaba la última fase del ilícito que comenzó a ser investigado a mediados de 2011 bajo el protagonismo de los mismos actores, aunque llamativamente fue interrumpido recién a fines de 2016. 

El entramado principal tenía origen en Misiones, puesto que de acá es oriunda Zapf y su presunta cómplice, Galdi. Dos mujeres con cierto poder de convencimiento sobre las chicas y encargadas no sólo de seducirlas con elevadas ganancias sino de facilitar su traslado cada vez que eran requeridas en tierras correntinas como también del cobro a los clientes y el posterior pago por los servicios. 

Todos conseguían su porción de dinero. En ese círculo están los organizadores de los encuentros, los remiseros que las transportaban y las trabajadoras sexuales, en su mayoría estudiantes universitarias que admitieron no hacerlo obligadas pero fueron consideradas víctimas de explotación sexual para que puedan ser admitidas en los programas de protección. 

El rol de Rita y Carina

La investigación clarificó muchos puntos sobre la participación de las mujeres (de entre 18 y 30 años) que cada vez que eran solicitadas debían viajar para encontrarse con quienes pagaban.

Dependiendo de la nacionalidad de los clientes cobraban en dólares, reales o moneda nacional. De las declaraciones testimoniales de cada una surgió el dato de que el monto que recibían habitualmente era de 800 pesos por encuentro, aunque si el destino era más alejado el pago llegaba a los 900 o 1000 pesos. Fueron contundentes en acusar a Rita (Zapf) y Carina (Galdi) como quienes comandaban la operación hasta recibir el pago.

Eso quedó explicitado en una escucha telefónica -del 29 de julio de 2016- incluida como prueba en el expediente. Rita le aclara a Carina que iba a recibir 17.000 pesos en pago por doce chicas que irían a prestar servicios sexuales a una cabaña de Ituzaingó y que de ese dinero debía abonar 1.700 pesos a los remiseros posadeños que las llevaban, 800 pesos a cada una de las chicas y a ella (a Carina) le correspondía 1.200 pesos. El sobrante era ganancia propia.

En sus declaraciones las mujeres identificadas con las iniciales C, E, H, e I coincidieron con esos montos y la modalidad. 

“La ganancia era 800 pesos. Ella (por Rita) nos paga a todas por igual, nos pone el precio y nos ofrece. Por ejemplo, 900 pesos a Itá Ibaté, que incluye hacer un primer pase (acto sexual) y si queremos hacer otros arreglamos nosotras, pero a veces pagaban 1000 y a veces 800”, detallaron.


“Rita es la jefa”

En ese punto de las testimoniales ofrecieron más precisiones sobre el rol de la sindicada líder, su cómplice y la actividad desplegada.  Preguntadas sobre quién les ofreció efectuar servicios sexuales, respondieron que “fue siempre Rita, y por ahí Rita le avisaba a Carina (sobre los encuentros) y ella a nosotras. 

Los turistas le daban a Rita (plata) cuando viajaba con nosotras o a otras de las encargadas y ellas nos pagaban. Nos enseñó lo que debemos hacer, de ponerle buena onda y eso”, manifestó la testigo E, en coincidencia con F, que agregó otro dato que revela un modus operandi al ser preguntada por quién contrata los remises: “Sería Rita, ahí ya no sé cómo sería, pero es Rita la que contactaba a todos, ella tiene los contactos”.
Por su parte, otra de las chicas, identificada como H, refirió que “Rita es la jefa, la que manda todo, pero me paga Carina, que es la  encargada”. Sobre la forma de contacto detalló que “Rita le avisa a ella (por Carina) y le dice qué chicas tienen que ir. Siempre es por teléfono para Itá Ibaté la mayoría de las veces, también a Ituzaingó por pedido de turistas brasileños, paraguayos y argentinos que llegan por uno o varios días”.

En cifras

$800

De acuerdo a las declaraciones de las víctimas, recibían un pago promedio de 800 pesos por cada encuentro sexual, aunque otras veces se elevaba a 900 y 1000.


El Territorio no tiene responsabilidad alguna sobre comentarios de terceros, los mismos son de exclusiva responsabilidad del que los emite.

El Territorio se reserva el derecho de eliminar aquellos comentarios injuriantes, discriminadores o contrarios a las leyes de la República Argentina