Ahogados por los impuestos

Domingo 12 de mayo de 2019
Gonzalo Peltzer

Por Gonzalo Peltzer gpeltzer@elterritorio.com.ar

Podemos discutir quién inventó el impuesto, pero debe ser tan inútil como conocer quién inventó el pastel de papas. Seguro que fue en los albores de la prehistoria, cuando el primer humano con algo de poder sobre sus congéneres, empezó a exigirles que le paguen por protegerlos. La misma palabra impuesto tiene reminiscencias de autoritarismo: hay que pagarlos porque nos los imponen a la fuerza, por más legal que sea. Y tributo no le va a la zaga con esto del poder, ya que a la imposición unilateral y obligatoria agrega la veneración por el que gobierna.
No hay ninguna duda sobre la obligación moral –también legal– de sostener al estado que se ocupa del bien común: los impuestos solventan la administración pública, la justicia, la infraestructura de transporte y comunicaciones, las fuerzas armadas y de seguridad, la educación y la salud de los ciudadanos. Y está universalmente reconocido que se trata de un modo de redistribuir la riqueza, porque los que más tienen ayudan con sus impuestos a los que menos tienen; los primeros pagan más y se benefician menos y los segundos pagan menos y se benefician más. Por eso es presupuesto básico de los impuestos la capacidad tributaria: deben ser proporcionales a la exteriorización de riqueza. Todo bien hasta ahí, pero hay dos problemas que en realidad son dos caras de la misma realidad.
El primero es el uso indebido de los fondos recaudados por la hacienda pública y el segundo la exageración en la carga impositiva. Son expresiones de la misma realidad porque cuando los fondos públicos se usan indebidamente no alcanzan para solventar los gastos y aumentan la carga impositiva. Así las cosas, resulta que pagar impuestos se vuelve como tirar el dinero a la basura. La corrupción generalizada, los bolsos voladores con millones, la pésima atención de la salud pública, la falta de infraestructura vial, energética y de comunicaciones, la deficiente administración de justicia en la que también hay corrupción, la educación pública a la deriva, científicos buscando plata en programas de televisión, fuerzas de seguridad de las que tenemos de escapar… se vuelven una bofetada en la cara de los contribuyentes.
Con esta película estamos hace muchos años: una inundación que crece y no sabemos hasta dónde va a llegar. Ya estamos en puntas de pie, con el agua al cuello y apenas podemos dar saltitos cada vez que una ola amenaza con ahogarnos. Algunos se hundieron, otros buscan desesperados tablas para salvarse: planes de 60 cuotas y 2,5 % mensual que solo alargan la agonía… 
Es imposible en la Argentina de hoy pagar a la vez los impuestos y los sueldos. Cada vez hay más y cuando uno cree que los tiene a todos controlados aparece otro del que no teníamos ni noticias. Pagamos a la nación, que se queda con todo; a la provincia porque la nación se queda con todo; y al municipio porque la nación y la provincia se quedan hasta con impuestos inconstitucionales. Y no hay caso de no pagar: te lo sacan manu militari del banco o te embargan el dinero de las cuentas, y si no hay fondos las cuentas quedan bloqueadas hasta que aparezca la plata. Confiscan el dinero de los sueldos, de los insumos, de los servicios elementales para trabajar: te comen el capital de trabajo e inutilizan las cuentas bancarias indispensables para cobrar, pagar y seguir con vida. Son tan voraces que cuando chupan dinero de una cuenta, además cobran impuesto a los débitos por la suma percibida.
Los planes de pago y la morosidad fiscal han convertido a la Afip en la más grande financiera de la Argentina. Si no ofrece planes quebramos todos, así que tira salvavidas a los que se están por ahogar, pero con eso convencen a todos de que pagar los impuestos es la estupidez más grande. Es así como los ahogados ganan tiempo y los que tienen de sobra se hacen los tontos. Hemos llegado a la distorsión más loca de todas: en la Argentina pagan los impuestos quienes menos tienen; el principio elemental tributario ya no es la capacidad contributiva sino la capacidad del fisco de cazar a los más débiles.

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