Educar para la felicidad

Viernes 25 de enero de 2019
Para ser un país del primer mundo, hay que pensar como un país del primer mundo. No podemos llamarnos subdesarrollados, bananeros, tercermundistas y pretender llevar progreso a nuestra población. Las comparaciones son odiosas, pero cuando alguien tiene éxito en algo, hay que analizar el camino que lo llevó a esos resultados; lo inteligente es imitarlo.
A Finlandia no le gustó estar en un estándar bajo de educación con el resto del mundo, por lo que llevó a implementar medidas que lo llevaron a tener los mejores estudiantes del mundo ¿Cómo lo hicieron?, se pregunta el cineasta Michael Moore. Se lo recomiendo ver en YouTube. Cuenta que los estudiantes no tienen tarea; consideran que deben tener más tiempo para ser niños, el término tarea les parece obsoleto, porque en cambio pueden estar más tiempo con las familias, haciendo deporte, tocando música, leyendo o estando con amigos. El tiempo de cursado es 20 horas a la semana; “si trabajas constantemente dejas de aprender”, dice una docente. No tienen exámenes estandarizados, un docente explica que "si lo que le enseñas es a aprobar exámenes, no les enseñas nada”. En la escuela se trata de encontrar tu felicidad, comenta un docente, que los estudiantes usen el cerebro del mejor modo posible, incluyendo educación física, arte, música, los niños tiene que aprender a cocinar, aprender a cantar, ir de caminata por la naturaleza, a pensar por sí mismos.
En Finlandia creen que la escuela del barrio es la mejor escuela, no tienen educación privada, todas las escuelas son iguales, es ilegal abrir una escuela, “por lo que los padres ricos -comenta el cineasta- se preocupan que sus hijos tengan la mejor educación y hacen que sus hijos vayan a la escuela con los demás; se crían con otros como amigos, y cuando son adultos ricos, tienen que pensarlo dos veces antes de arruinarlos”; se trata de enseñarles a respetarse a sí mismos y a respetar a otros.
La educación no puede ser un negocio, en Finlandia se centra en los estudiantes, no en hacer dinero, dice una maestra nacida en los Estados Unidos. Los estudiantes finlandeses tienen la jornada escolar y el año escolar más cortos y les va mejor que al resto de los países de Occidente; pero ¿por qué se produjo este milagro? No fue casualidad, están dispuestos a pagar por ello (si no logramos hacer mejores seres humanos con el Estado, fracasamos como sociedad); lo que vale, cuesta. Finlandia, según los últimos datos publicados, dedicó a educación un 12,32% de su gasto público, a sanidad un 12,35% y a defensa un 2,65%.

Pablo Martín Gallero

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