Inyectar conocimientos al trabajo

Jueves 6 de diciembre de 2018
Estamos en lo cierto si decimos que los diferentes bienes que exhibe toda sociedad son el producto de la cantidad de trabajo acumulado que se invirtieron para crearlos. A primera vista esto se puede interpretar que, a mayor cantidad de trabajo, también será superior la cantidad de bienes (riquezas) que acumula y administra una sociedad. Sin embargo, este concepto es cierto parcialmente. Es así porque el rendimiento productivo de la hora hombre no es igual en las múltiples actividades que desarrolla el ser humano.
Esto quiere decir, por ejemplo, que si comparamos el rendimiento que aporta en términos económicos un trabajador rural respecto al que consigue en igual tiempo uno que se dedica a ensamblar piezas de computadoras, el logrado por el primero será mucho menor que el obtenido por el segundo de los casos. Esa diferencia no es producto de la casualidad. En el caso del trabajador rural, no hay demasiados conocimientos acumulados que pone en práctica para la ejecución de su tarea, mientras en el ensamblado de piezas de computadoras no sólo hay más conocimientos acumulados en quien realiza esa tarea sino que también los elementos que utiliza ya vienen con una cantidad de conocimientos y trabajo implícitos.
Eso se visualiza con mayor claridad en la cantidad de movimiento monetario que necesitan las diferentes actividades para lograr un salto de categoría. Veamos un ejemplo: el monto de facturación de una pequeña empresa industrial para convertirse en mediana es unas cuatro veces superior al que debe facturar una pequeña empresa rural para pasar a ser mediana. En otras palabras, el rendimiento económico de la hora hombre del que trabaja en una fábrica es unas cuatro veces mayor al que trabaja en el campo. Así también, el rendimiento de la hora hombre del que trabaja en la actividad tecnológica será superior a los dos primeros ejemplos.
Lo que se termina de exponer más arriba son detalles o conceptos que deben tener bien en claro aquellos gobernantes que realmente sienten preocupación y se esfuerzan por conseguir una evolución positiva en lo económico. La producción primaria es una actividad necesaria para ayudar al crecimiento y no hay que descuidarla. Pero es imprescindible que haya una verdadera toma de conciencia de que los motores del desarrollo están insertos en la industria, las ciencias y las tecnologías. Es el norte a seguir y por el cual hay que luchar. Hablo de lucha porque hay frentes y muros de todo tipo que se necesitarán derribar. Para ello, la personalidad y las convicciones son elementos imprescindibles a la hora de ir detrás de esos objetivos.
El frente externo es uno de ellos. Sabemos muy bien que los países más desarrollados de la tierra presionan constantemente para que los menos desarrollados permanezcan dentro de una matriz económica primarizada. La vieja idea de la división internacional del trabajo pergeñada por sus estrategas económicos, donde cada país debe especializarse en lo que mejor sabe hacer, sigue tan viva como antes. Para ser más explícito, ellos sostienen que si una nación tiene como matriz económica la actividad primaria, debe seguir concentrando sus energías en el perfeccionamiento de las actividades que la caracterizan, mientras que las de matriz industrial deben seguir perfeccionándose en materia tecnológica, que es la que le da sustento y productividad. Una ingeniosa teoría para que los países subdesarrollados no salten al mundo desarrollado, y que parece haber prendido en las mentes de la burguesía dominante de la Argentina.
Detengámonos y pongamos nuestra mirada en lo último. En la principal burguesía nacional, es decir, aquella que por décadas influenció de manera directa sobre el perfil de los gobernantes nacionales, sobre la dirección que debían tomar las políticas de gobierno, en el desarrollo económico desigual de nuestra geografía, etcétera. Esa burguesía dominante se ha quedado en el tiempo, y poco a poco debe ser reemplazada por otra que tenga una mirada industrialista y con un desarrollo más armónico para el país. Claro que no será fácil, sobre todo si esperamos que provenga de la pampa húmeda, donde tienen raíces profundas las ideas conservadoras. Es desde la periferia nacional desde donde puede emerger esa nueva burguesía que tanta falta le hace a la Argentina.
Los que nacimos y nos criamos en esta Misiones hemos podido apreciar en los últimos tiempos cómo nos fuimos consolidando en lo económico dentro del contexto nacional. Hoy somos la octava economía del país y, en algunos años más, seguro que volveremos a saltar escalones. Pero eso no es obra del azar. Si bien nunca seremos ajenos a los altibajos que producen las políticas económicas nacionales, podemos crear nuestro propio microclima al respecto, con la esperanza de incubar una burguesía económica distinta y que de a poco influya en lo nacional. Creo que empresarios y gobierno están entendiendo el potencial que encierra la tierra colorada y si bien es correcto que le den toda la atención que pueden a nuestra producción primaria, no es menos acertado que en forma paralela se trabaje en pos de una actividad industrial cada vez más relevante. Un objetivo que no debe dejar de alimentarse, sobre todo si no queremos que en el futuro, Misiones se convierta en una provincia expulsora de sus hijos más capaces y dotados de espíritu emprendedor.

Por Ramón Agustín Alegre
Escritor y periodista

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