Las fuerzas espirituales

Sábado 6 de octubre de 2018
José Miérez

Por José Miérez Gerontólogo

Me dirijo a la población misionera: Todos creemos en el poder ilimitado de las fuerzas espirituales y creemos que la única solución a la actual crisis política y social en el país consiste en dar a esas fuerzas la posibilidad de desarrollar su genio creador. Una sociedad que no cree en los valores espirituales, no puede creer ni siquiera en su propio porvenir, y nunca podrá encaminarse hacia una meta común y ahogará la comunidad nacional en una vida limitada, mezquina y corrompida.
Sin esta comprensión de los valores científicos y espirituales vemos la actividad del estado desorientarse, desintegrarse, desconectarse en mil disposiciones caóticas y dispersivas que no llevan a un fin organizado y bien planificado.
Un parlamento (senadores, diputados, deliberantes, defensores del pueblo), según el orden y el método de la ciencia, debería ser compuesto por educadores, economistas, urbanistas, higienistas, juristas, etc. o sea, verdaderos estudiosos, tanto teóricos como prácticos, con experiencia de las funciones sociales, y, en cambio vemos en los parlamentos las nueve décimas partes de esos hombres que carecen de preparación, no conocen seriamente los valores científicos de la investigación y la docencia.
Decía Antoine de Saint-Exupery en su libro La Ciudadela, "No rehuso el camino de las conquistas que permiten al hombre subir más alto, pero no he confundido nunca el medio con el fin, la puerta de entrada, con el templo. Es preciso que el acceso permita la entrada al templo, de otro modo, éste se quedará desierto. Solo el templo es importante. Es urgente que el hombre encuentre a su alrededor los medios para agrandarse, pero ellos no son más que la escalera que lleva al hombre a su grandeza. El alma que le edificaré será catedral porque solo ella es importante."
Quién elige a los ministros?
Hay que actuar con prudencia ante la partidocracia y la centralización del poder, que es un atractivo engañoso y pasajero. Serios acontecimientos nos acosan, hay que dialogar y escuchar atentamente a quienes critican y disienten para que las partes de un todo encajen armoniosamente, cada cosa en su lugar, tiempo y oportunidad.
En el futuro cosecharemos lo que sembramos y con amor y respeto se llega muy lejos.
Es responsabilidad de los auténticos demócratas y de los hombres seriamente preocupados y ocupados por el porvenir de la provincia, abandonar todo tipo de demagogia y encontrar la fuerza para preparar, con sabiduría, una revolución creadora de una democracia reforzada por los valores de la cultura, no a la mentira, manipulación y corrupción y sí a la verdad, justicia, amor y belleza.
Pensemos seriamente en qué podemos ayudar

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