Devaluados

Domingo 9 de septiembre de 2018
Devaluar significa disminuir el valor de una moneda con respecto a las de otros países. A su vez, puede devaluarse todo: la palabra, una gestión, la confianza o un equipo de gobierno.
Cuando Mauricio Macri llegó con una alta valuación al poder, a finales del 2015, prometió grandes cambios y tuvo credibilidad. Llegaba bendecido por la existencia de la grieta y una sociedad que en ese momento se mostraba cansada por la gestión kirchnerista y estuvo dispuesta a apostar a un nuevo sueño.
El último martes se cumplieron 1.000 días desde que Cambiemos inició la gestión. Desde entonces, y a raíz de las promesas incumplidas, las palabras de Macri también fueron perdiendo valor  tanto como el peso argentino, comparado al dólar. Con la corrida cambiaria desde mayo, el dólar había superado 40 pesos en las últimas semanas, de aquel 17,50 en diciembre pasado. El último viernes terminó con 37 pesos y desde el Gobierno lo consideraron un logro, que sería como salir a celebrar tras el cese de un tornado. No hay nada para festejar en estos 1.000 días de gobierno de Macri, porque los efectos -como sucedió con la escalada del dólar- fueron devastadores.
Además, desde mayo, el Central tuvo que desprenderse de muchas reservas. En términos criollos se patinaron millones de dólares en la timba financiera y no en la producción. Mientras tanto, el Presidente va sumando en su cuenta, como si fuera un fenómeno natural que lleva acumulada “la sexta tormenta” desde que llegó a la Casa Rosada.
Debe recordarse que como efecto de una de las llamadas tormentas por Cambiemos y ante la incontrolable cotización de la moneda norteamericana, el Banco Central de la República Argentina terminó elevando la tasa de interés de referencia al 60 por ciento anual, logrando un triste y pernicioso récord mundial. Es que tal determinación terminó destrozando las posibilidades de acceso al crédito, tanto a los trabajadores como a las pequeñas y medianas empresas.
En consecuencia, la devaluación -producto de la alta demanda de la moneda norteamericana-, terminó a su vez provocando la falta de confianza en la economía. Esta devaluación hacia la administración nacional hizo a su vez florecer la especulación y, en especial, la bicicleta financiera, que agudiza la recesión y castiga a los sectores productivos.
Como se indicó, en estos 1.000 días del gobierno de Cambiemos, la propia palabra del Presidente fue devaluándose, ante la serie de promesas incumplidas, entre ellas, la de controlar la inflación, que a su criterio era casi un juego de niños. Ello llevó a la actual devaluación histórica con la caída de 98 por ciento del peso argentino.
En su reciente aparición televisiva, Macri aseguró que eran los cinco peores meses de su vida, cuando es un tema que los sectores más desprotegidos sufren en carne propia desde hace tiempo. El cambio de discurso es increíble. En marzo de este año había afirmado una vez más que lo peor ya pasó y ahora venían años de crecimiento. Lo mismo sucedió con la ahora devaluada clase media que se siente empobrecida. Fueron parte de aquel “boom de crédito hipotecario, en 2017 con más créditos otorgados” y ahora, con un seria angustia por este escenario de incertidumbre.
La situación se viene agravando en un año que puede terminar con una caída del 2,5% del Producto Bruto Interno y una inflación de más del 40 por ciento anual, cuando hace poco se consideraba altísima aquella posibilidad de superar el 15 por ciento de devaluación. Sobre lo que le sucede a la Argentina, hay preocupación en todos los ámbitos.
Casi al finalizar la semana, el gerente de la agencia Moody’s en Nueva York, Gabriel Torres, advirtió que la recesión económica que la Argentina comenzó a transitar en abril podría, extenderse incluso hasta 2020. Sumado a la alta inflación prevista, desde esa Agencia estiman que se transitará el 2019 sin crecimiento y con un alza de precios de alrededor del 25 por ciento.
Otro que salió a hablar de la situación económica del país fue el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, quien criticó las negociaciones con los fondos buitres de la gestión de Macri y, sugirió una reestructuración de la deuda que se ha tomado en los últimos años. Para el economista, Macri se confió demasiado en la llegada de capital de inversión extranjero, que como se sabe nunca existió.

Un equipo devaluado
Tampoco hasta el momento traen soluciones las medidas pensadas y ejecutadas por los colaboradores del Gobierno. A principio de diciembre de 2015, Macri había asegurado que su gabinete era “el mejor equipo en los últimos 50 años”. En la práctica eso no se vio reflejado, ni durante el 2016, ni el año pasado, ni a ocho meses de este año. El equipo entró en un proceso de devaluación por no haber cumplido con las mínimas expectativas.
De esta manera, el mejor equipo pasó a un proceso de desmantelamiento del organigrama ministerial. Nadie cuestiona a estos profesionales su paso por la actividad privada, pero quedó en evidencia que la ceocracia no pudo resolver como se debe manejar el Estado. Quizás intentando obtener algo de la real política -que tanto rechaza este gobierno- en medio de la corrida cambiaria, convocaron a la mesa chica a Carlos Grosso que está curtido en las arenas políticas y el poder. Tal vez fue un recurso de último momento, porque Macri como otros tantos dirigentes también había sucumbido al encierro político.
En medio de ese encuentro, Cambiemos esbozó una reducción de los ministerios, aunque en los hechos no representaron cambios profundos. Tampoco consiguieron que nadie con peso propio se incorpore al gabinete. Los que vinieron con la chapa de romper el molde de los gabinetes tradicionales, como el caso de Gustavo Lopetegui y Mario Quintana después de haber estado bajo las órdenes del jefe de Gabinete, Marcos Peña, quedaron fuera del equipo.
La dupla Lopetegui-Quintana, se habían repartido 22 ministerios, trece organismos descentralizados y 16 empresas en las que el Estado es accionista principal. Fueron las piezas que Macri decidió entregar, en medio del descontrol de la crisis cambiaria, para no resignar a Marcos Peña. Luego se anunció la eliminación de nueve ministerios, pero la mayoría de los nueve ex ministros seguirá integrando la estructura del Estado.
Esto significa que no sólo no serán desempleados sino que se verán beneficiados por un nuevo tipo de cargo creado especialmente para ellos, el de secretarios de Gobierno. Es decir, nada cambió. Aquel prometido recorte presupuestario no pasará entonces por la presunta reducción del equipo de gobierno, ya que en la práctica apuntaría más a la funcionalidad, según criterio del mandatario nacional. Lo mismo sucedió con Marcos Peña, que tras ser cuestionado en diversos ámbitos, se convirtió en medio de las movidas de fichas en una suerte de superjefe de Gabinete, al quedar en sus manos decisiones más amplias e importantes.

Crecerá la pobreza
En medio de estos cambios de Cambiemos, Macri terminó reconociendo esta semana que crecerá la pobreza en la Argentina, cuando en la campaña electoral y en el primer mensaje oficial al país, prometía pobreza cero. Con el deterioro de los ingresos de los asalariados y cuentapropistas como el principal efecto, se agudiza la perspectiva recesiva de la economía argentina.
Con la pretendida normalización de los servicios, no se suponía que los usuarios terminarían sufriendo la peor dolarización del precio de los combustibles y de las tarifas de servicios públicos, afectando la cadena de precios de buena parte de los consumos populares, especialmente en alimentos y medicamentos. En este escenario de incertidumbre, no se avizora que todo lo previo pueda cambiar. 

Qué dicen los números
Para tener una sensación de la percepción de la ciudadanía de este momento del Gobierno, mediante un estudio de opinión  pública, el consultor Raúl Aragón y Asociados, refleja los aspectos que preocupan a la ciudadanía y la visión de este momento del país. Similar trabajo conocido esta semana lo realizó Analogías.
El primero refleja que entre los consultados hay un mínimo porcentaje de quienes consideran que la situación del país está entre bien o correcta. La mayoría afirma que se transita entre una mala a pésima situación en el país.
El título que eligió Aragón para presentar su último trabajo es elocuente. Lo denominó Macri en caída libre.
Claramente en otro ítem se observa que está en primer lugar, como principal preocupación de la ciudadanía, el notable aumento de la pobreza y la falta de dinero para llegar a fin de mes. Esto último hace que muchos ciudadanos deban recurrir a un préstamo para pagar los servicios, un tema por demás alarmante. En lo político partidario tienen igual nivel de rechazo Macri para un segundo período de gobierno, como los tiene Cristina Kirchner como posible postulante a la presidencia.
Según Analogías, el 59 por ciento de los argentinos desaprueba la gestión del Presidente, siendo la imagen negativa superior y en caída. En este relevamiento se destaca que la agenda económica está al tope de la preocupación, incluido inflación y tarifas altas. A tal punto que más del 80 por ciento considera que debería haber controles sobre los precios de los alimentos. 

Efecto ajuste en las provincias
Para conseguir del FMI los adelantos de recursos para asegurar los compromisos financieros del 2019, el gobierno de Macri se comprometió a llegar a déficit fiscal cero el año que viene. Ante el ambicioso objetivo, trazó un durísimo plan de ajuste que perjudican a las provincias.
Lo primero que eliminó fue el Fondo Sojero, que esta semana desde el Gobierno afirmaron que no tendrá marcha atrás y luego avanzó con la eliminación de subsidios para el transporte de pasajeros de todo el país. El Gobierno hasta ahora para evitar que el boleto de transporte se disparaba venía acordando con todas las empresas el costo de gasoil diferenciado y compensaciones para los micros urbanos y suburbanos.
Al anunciarse oficialmente la quita de esa asistencia, cada provincia deberá renegociar con las empresas. Otro recorte sobre lo que había avanzado el gobierno de Macri era sobre la energía. En medio del diálogo con las provincias por el presupuesto, el gobierno nacional anunció que suspendió su decisión de traspasarle a las provincias la responsabilidad de financiar la tarifa social para el servicio eléctrico. A cinco días de que se firmara la resolución para que las provincias se hagan cargo de la tarifa social, se resolvió dar marcha atrás con la medida. Lo que se puso firme son las retenciones a las exportaciones que harán perder miles de millones a la economía misionera.

Desendeudamiento
En medio de la turbulencia financiera, el gobierno de Misiones dio un gran paso. Fue al firmar un convenio de desendeudamiento con la Nación.
De esta manera, la Provincia canceló aquel compromiso proveniente del Programa Federal de Desendeudamiento del año 2002, por el cual la Nación se había transformado en acreedor de la Provincia para solventar la deuda que aún existía con el sistema financiero desde la década del 90. Lo que se hizo, entre ambos estados, fue compensar deudas. Desde la gestión provincial destacaron que tal acuerdo oxigena la situación financiera de Misiones y permitirá a la provincia afrontar el futuro sin deudas y destinar recursos a los misioneros. Similar acuerdo de compensación, que arrojó un saldo favorable al Estado provincial, se concretó en el marco del consenso fiscal. Mediante este último acuerdo la administración provincial recibió un bono de Nación.
En medio de esta situación de incertidumbre por la crisis nacional, el gobernador Hugo Passalacqua reiteró a sus funcionarios y a los intendentes de la renovación a estar cada vez más cerca de los ciudadanos, escuchando y solucionando sus problemas. Así fue que el mandatario provincial, exigió a sus ministros dar contención social, asistir y solucionar la protesta de los tareferos. Como lo viene haciendo desde hace tiempo, el gobernador les dejó claro que no está de acuerdo con los funcionarios que pretenden gestionar desde un escritorio sino saliendo a solucionar los problemas cotidianos y dando respuestas a los misioneros.

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