Evite la lógica del pichado

Domingo 8 de julio de 2018
Gonzalo Peltzer

Por Gonzalo Peltzer gpeltzer@elterritorio.com.ar


La cuarta vez que me llamaron a las 2 de la madrugada para avisarme que algo no andaba bien en mi línea de teléfono, contesté que si llamaban otra vez a esa hora iba a cortar el servicio de seguridad al que estaba abonado. Luego, ya de día y despierto, hablé con alguien de la compañía a quien le expresé lo mismo, pero además le remarqué que una llamada a esas horas siempre sobresalta al que atiende y que yo pagaba una empresa de seguridad para que cuiden mi sueño y no para que me pongan al borde del infarto día por medio. Si había un problema con el teléfono, ya lo arreglaríamos de día. De noche no había nada que hacer... y además estaba en Ecuador.
Esa misma noche me volvieron a llamar a las 2 de la madrugada...
Así que corté el servicio.
Lo curioso es que se enojaron conmigo porque parece que soy un pesado y que exijo demasiado. Aunque soy su cliente y pagaba una pila de billetes todos los meses, no me daban la razón porque la línea de teléfono por la que me llamaban tiene un desperfecto en el retorno que impide que se enteren si está sonando la alarma, así que el llamado era para avisarme de ese desperfecto y a la vez preguntarme si me estaban robando justo en ese momento...
Cambié de empresa.
Fue peor.
Un día dejó de funcionar la alarma, así que les mandé un mensaje apremiante.
–Estoy de viaje y vuelvo dentro de quince días, me contestó el que tenía que arreglar el problema.
–Disfrute de su viaje, pero le aviso que no pienso pagar un servicio que no me dan, le repliqué por WhatsApp.
Se pichó conmigo, me dijo que lo había decepcionado y me trató de inmaduro.
Y corté el servicio porque no pago para que se enojen sino para que me den seguridad.
El enojado -el pichado- es un mediocre que decide hacer a los demás responsables de su mediocridad: por eso se picha. Cuando hace macanas, en lugar de corregirse, se encula para que nadie ponga en evidencia su error. Al enojado no se le puede hablar porque está enojado. Es un mecanismo de defensa tan mediocre y tan habitual de nuestra cultura colectiva que hasta nos parece una reacción sana, pero es una de las desgracias más grandes que padecemos: echarle la culpa a los demás de nuestros propios fracasos nos instala en el fracaso continuado porque nos impide corregir los errores.
El pichado le pasa la responsabilidad de los propios errores al que viene a señalarlos. El culpable de las estafas no es el estafador sino el estafado, por codicioso. El culpable del robo no es el ladrón sino el inocente desprevenido. El culpable de la violación no es el violador sino la chica violada, por andar con esa ropa. La culpable de los choques siempre es una maniobra ajena y nuca una propia. Y los culpables de la corrupción de los políticos, los empresarios, los sindicalistas y los dirigentes del fútbol somos los periodistas...
Pero aunque sea un problema muy serio porque es imposible corregir errores si no los reconocemos, lo más grave es que la mayoría de nosotros acepte sin dramas el enojo ajeno como excusa suficiente. Es todo lo contrario: el enojo, el encule o la pichadura, son parte esencial del error que hay que corregir.
Pensaba hace años que había que enojarse con el enojado para corregirlo, pero con el tiempo aprendí que así no se gana nada porque el que se enoja con el enojado cae en su lógica. Es mejor no enojarse con los que se enojan: exigir sin enojarse es mucho más eficaz y no le digo nada lo bueno que es para la salud.

Gonzalo Peltzer

Por Gonzalo Peltzer gpeltzer@elterritorio.com.ar

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