Tarareando bajo la lluvia

Miércoles 16 de mayo de 2018
Y yo que pensé que era verdadero, y resulta que el cielo estaba pintado con témpera azul, porque la lluvia lo destiñó y lo muestra gris, a cara lavada (o acaso una nube inmensa lo cubra entero…) como esas señoritas del teatro de revista que se zampan una peluca, se embadurnan de rouge, rímel y polvos carmesíes y que después uno (si es que tiene la suerte de despertarlas) las descubre sin maquillaje. 
Y yo que pensé que era mora, y resulta que la noche negra era un tul agujereado por cuyos orificios se colaba la brillante luz de fondo que simulaban lentejuelas, porque la lluvia se las descosió, y la muestra ahora, noche ocre, sin una taca taca (o caso todas se oculten entre los pastos…), como esos disfraces raídos cuya tela sirve apenas para trapo de remiendos. 
Y yo que pensé que la luna giraba hacia la izquierda, y resulta que se piantó a la derecha porque la lluvia ha dejado el cuadro huérfano de redondeces, maltrecho, monocorde de colores (o acaso el mundo se haya quedado a la intemperie…) como esos relojes que agotaron su cuerda y se le oxidan las agujas, o las cañitas voladoras que se desquician y suben erráticas, y en vez de iluminarnos de artificio, se pierden en el río.
Y yo que pensé que el sol era tan cumplidor como Sarmiento, y resulta que su inasistencia injustificada sin certificado se debe a la lluvia que lo resfría y lo espanta a lejanas regiones más asépticas que este pueblo lacrimógeno (o acaso llueva hoy en todo el universo…) como esos perros apaleados que cuando conocen un amo bueno ni piensan en volver al verdugo anterior.
Y yo que pensé en cuánto me hubiese gustado ser tripulante del Arca, grumete de Noé, para mirar de frente como Turner, ese diluvio fabuloso, y acá estoy, anfibio, debajo del paraguas tembleque, sin limpia parabrisas, tiritando ideas húmedas, porque esta lluvia endemoniada me agarra justo a mitad de camino entre la evaporación del infierno, y la de los mates calentitos en la cocina del rancho, allende 30 cuadras cruzadas de arroyitos sin puentes y barriales continentales sin islas. 

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