La clase media

Jueves 26 de abril de 2018
La concreción de estados gigantescos que detentan el poder del mundo se concentra en no más de 100 empresas que tienen en sus garras a continentes enteros. Representa el 1% de los habitantes del planeta contra millones de seres humanos sumidos en la más absoluta pobreza, sin acceso a la educación y carente de toda asistencia médica. Es el producto de la masificación global y de la ineptitud del capitalismo en encontrar soluciones mejoradoras en los países emergentes que se mueven al tanteo. En estos la pobreza extrema asusta como en nuestro país, donde observamos que de aquel 5 % de principio de la democracia reconquistada hoy deambulan más del 30 sin que los gobiernos nacionales que se sucedieron se hagan cargo o ensayen alguna forma de autocrítica. Inmoralidad demostrativa que de la fábrica de pobres de estos desclasados saldrá la eterna mano de obra barata, los drogadictos y los marginales de la criminalidad. 
En Argentina, según los entendidos, la total asimetría en el acceso a los bienes producidos socialmente está haciendo estragos a la clase media, estrato social que agrupa a diez millones de hermanos que mediante el pago de sus impuestos sostiene al resto de los habitantes. Sin embargo, son vilipendiados por intelectuales de una izquierda glamorosa que sostiene: "La clase media es una abominación política, fascistas, antiética y es una abominación cognitiva porque es ignorante". Resabio de los que siempre desearon la dictadura del proletariado en regímenes totalitarios, sistema que jamás se logró concretar porque los hacedores revolucionarios se convirtieron en burócratas del buen vivir. El ejemplo se da en la Rusia pos comunista y en la China híbrida del capitalismo comunista, donde nuevos multimillonarios compran equipos de fútbol y jugadores carísimos. Razón por la cual una fracción de la izquierda veleta y sin norte abjurando de ese marxismo frustrado, ahora se autotitula progresista y toman las calles sin ningún pudor al servicio del mandante que cotiza mejor, diferenciándose de aquellos que salen a protestar por justos reclamos. En este caso la protesta no debe judicializarse.
La clase media en nuestra Argentina comienza a formarse con la Reforma Universitaria del 18. Aquella del eslogan ¨haremos astillas de nuestras cátedras para convertirlas en bastión de la dignidad Nacional¨. Luego acompañaron a otros movimientos sociales principalmente el de mediados de los cuarenta, cuando ese nuevo grupo en formación mixtura con el aluvión zoológico de las áreas industriales que ganaba la plaza de Mayo, en oposición a la oligarquía terrateniente que tiraba manteca al techo y gobernaba el país. Tal suceso conmovió la entraña misma del continente, pues esa convergencia mancomunada fue única en Latinoamérica. Allí estaban presente el hijo del inmigrante, del almacenero, del enfermero, del herrero y de cuanto otros pequeños rubros existentes del momento. Del resultado de la emergente clase social surgieron catedráticos sobresalientes y las mentes más brillantes del pensamiento nacional, cuya trascendencia y reconocimiento fue dado por los países del mundo, como este último concedido al científico Juan Balmacena, originario del porteño barrio de Caballito.
Pero esta arrinconada clase media producto de los vaivenes económicos no se apoltronó resignada, pues se observa en la extensión del país a jóvenes industriosos agrupándose para crear nuevos emprendimientos a partir de formatos artesanales y manualidades de cuantía económica y social. La importancia radica en la aplicación de técnicas propias para producir socialmente bienes y servicios y al mismo tiempo ofrecer fuentes de trabajos como si fueran otras formas de pymes. 
En nuestra provincia donde se registra la tasa más alta de jóvenes que la media del país, cuenta con varios núcleos de emprendedores cuyo accionar se va extendiendo como mancha de aceite, reafirmando localmente la concreción de este modelo de economía social. En horabuena, porque demuestra que la clase media sigue vigente y resurge a través de esta camada de jóvenes emprendedores. Y como dijera don Arturo Jauretche: "Debemos confiar en ellos porque son el futuro de la patria". También del presente.

Por Rubén Emilio García

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